En la lucha por la separación de Haití y proclamación de la República Dominicana, sin lugar a dudas, se produjo un frente unido, una alianza de clase de todos los dominicanos contra un enemigo común. Por eso, por más que los historiógrafos oficiales traten de ocultar la realidad, la nación dominicana, como todo conglomerado social basado en la propiedad privada de los medios de producción, tiene en su seno a explotadores y explotados, a opresores y oprimidos y los llamados símbolos patrios no son ajenos a esta lucha de clase, sino que son el fruto de compromisos, acuerdos y pactos obligatorios entre contrarios, que en determinadas condiciones y circunstancias históricas se unen y se juntan de manera pasajera. Una vez derrotado el enemigo común ¿podían seguir siendo las mismas las aspiraciones de los esclavistas e hijos de esclavos, de los terratenientes e hijos de terratenientes que las de los amplios sectores de la población trabajadora, de esclavos negros y mulatos criollos o hijos de esclavos representados por Sánchez?
Por ejemplo, el 6 de noviembre de 1844 se proclama la Constitución de la nueva República, Constitución cuya redacción en el mismo año de 1844 es prueba fehaciente de que la proclamación de la separación de Haití, no fue simplemente el paso operativo del grito de Independencia el 27 de Febrero de 1844, que se perseguía la creación de una nueva República por parte de la mayoría de los nacionales dominicanos, una nueva República independiente y soberana, y fue la amplia movilización popular de negros y mulatos criollos que participaban en este proceso, la que no determinó que, en un primer momento, los sectores explotadores pro-colonialistas, que tan sólo querían sacar a los haitianos para entregar el país a una potencia esclavista europea que les garantizara el restablecimiento de la esclavitud, no lograron hacer abortar el proyecto de una nueva República independiente, pero lograron, en cambio, imponer una Constitución mediatizada, lo que marcó el inicio de su ofensiva que culminó con la anexión a España.
Por eso, el 6 de noviembre de 1844 se vota la Constitución y el 27 de febrero de 1845, tres meses y medio después, estos sectores, en cuyas filas siempre milita la iglesia católica y bajo su bendición, decidió el fusilamiento de María Trinidad Sánchez, porque ésta representaba el reclamo democrático del voto universal de todos los dominicanos, independientemente de su condición económica, rechazando lo establecido en esa Constitución del ‘44 que reservaba el derecho al voto a los propietarios, comerciantes y a los que poseían una profesión liberal.
En ese entonces, cuando existía el frente unido anti-haitiano, en el que se imponía la fuerza de la movilización popular, el escudo dominicano no tenía la supersticiosa y oscurantista biblia coronada con la infame cruz colocada en el centro de la bandera dominicana, porque la masa de negros y mulatos criollos, identificaban biblia y cruz e iglesia cristiana católica con el esclavismo, y jamás hubiese ido a combatir en su nombre ni junto a quienes enarbolaran en la lucha esos símbolos del esclavismo. El primer escudo dominicano en los inicios de 1844 tenía un sol naciente y un gorro frigio, símbolos de la libertad, como lo tiene el actual escudo argentino; y no tenía tampoco la palabra dios. Véase en este sentido el libro “Escudos dominicanos” por el general González, para que se verifique lo que estamos diciendo